En principio, este es un espacio donde vuelco experiencias, viajes, y cualquier otra cosa inclasificable que de vueltas alrededor de mi cabeza. Pero al mismo tiempo es el lugar donde mi ego se dedica al autobombo, y en donde hago lobby de mi mismo.
jueves, 10 de febrero de 2011
La posibilidad de una cosmovisión épica hoy
Seguramente nos hemos planteado más de una vez el sentido de tocar en clase las obras como el Poema del Mio Cid o la Chanson de Roland. O tal vez el desafío de intentar analizar La Ilíada o La Odisea. Acobarda imaginar la posibilidad de un verdadero motín dentro del aula, una reacción negativa ante (imaginamos) algo tedioso. Lo épico no parecería propio de nuestra época, sobre todo si nos remitimos a las corrientes teóricas posmodernistas que nos machacan con el fin de los grandes relatos.Sin embargo, basta rascar un poco para que algunas cuestiones salgan a la luz. El primer indicio lo tuve con unos alumnos que en una ocasión me preguntaron si los hechos narrados por la película 300 eran ciertos. No voy aquí a analizar el film (solo decir que es uno de los más fascistas producidos por la industria norteamericana), sino a remarcar el hecho que estos alumnos estaban muy impresionados, habían quedado con ganas de averiguar más, de recibir material, de intercambiar apreciaciones. Y de repente me recorde a mi mismo, a esa misma edad, cuando por primera vez leí sobre la batalla de las Termópilas, y la fascinación que sentí ante la historia de esos 300 espartanos frenando a un ejército persa que los superaba ampliamente en número.Pero fue después de la lectura de la obra "Cuando me muera quiero que me toquen cumbia" que pude darle otra vuelta de tuerca al asunto. El libro escrito por Cristian Alarcón narra la historia de Víctor "El Frente" Vital, un ladrón muerto por la policía en un caso más del triste "gatillo fácil" que caracteriza a la policía bonaerense. El Frente representaría, según el autor y una buena parte del sector social de donde provenía el frente, el último de los ladrones que respetaba los viejos códigos de la delincuencia. Con su muerte finaliza una época. Y también empieza el mito: muchos "pibes chorros" suelen rezarle al frente para que los proteja de las balas policiales.Ante todo, recordar que el elemento clave de todo relato épico es el héroe. Persona que destaca sobre las demás, el héroe nunca es manifestación de una subjetividad individual, sino que implica una construcción colectiva, que abarca el destino de una comunidad en un período histórico determinado. Mi punto es que la figura del héroe, con sus cambios, es aún (y lo va a seguir siendo) capaz de estructurar relatos, relatos que generan sentidos de pertenencia. No voy a evaluar aquí positiva o negativamente la construcción de héroes por parte de la sociedad actual. Simplemente señalar que están ahí, que generan relatos épicos que atren a los alumnos y que el sentido que originan tiene más circulación de lo que pensamos.Y para los que desconfían de lo épico, pensando que es algo que solo involucra aquello relacionado a lo bélico, o, siguiendo mi razonamiento, advierten que se puede construir una épica hasta con un barrabrava (riesgo que existe, y que personalmente decido tomar), les recuerdo que esta cosmovisión implica mucho más. Baste el ejemplo del maravilloso "Kalevala" finlandés. El héroe, Wainamoinen, es un poeta, no un guerrero. Ni siquiera es joven, sino viejo. Y hay un pueblo detrás que lo siente como propio.
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