Es muy probable que la mayoría de los que somos profesores de lengua y literatura transitamos, en algún momento de la carrera docente, ese incómodo momento a principios de año en el que, junto con el resto de los profesores, hay que ponerse de acuerdo para establecer el corpus de textos literarios que se leerán en el ciclo lectivo.
Bien, hace ya un tiempo que la disputa por las obras del corpus ha tomado el siguiente rumbo: por un lado, los que sostienen (me incluyo en este grupo) que hay que trabajar con los clásicos de la literatura universal; por otro, los que creen haber encontrado el santo Grial pedagógico en la literatura Infanto juvenil que ha proliferado en los últimos años. La posición de este segundo grupo ha tomado una fuerza enorme en el último tiempo, tanto que en una de las últimas reuniones de departamento que tuve, me ví forzado a negociar algún tipo de salida intermedia.
Porqué ha tomado tanta fuerza está posición y en qué consiste? En principio, la escuela es un espacio donde resuenan problemas sociales, discursos políticos, y problemáticas de todo tipo. Se supone que la escuela debe hacerse eco de todas estas cuestiones, ya sea derechos humanos, enfermedades, debates históricos, educación sexual y un largo etcétera. La literatura, obviamente, no es ajena a todo este proceso.
Todo esto genera obligaciones sobre los docentes, presiones que se traducen en la necesidad de cumplir y ajustarse a los cambiantes pedidos tanto de la DGCyE como de inspectores y directores.
Es entonces que ciertas editoriales dan una respuesta a todo este mejunje: obras que hablan sobre la problemática de moda, casi siempre de los mismos autores, escritas en un lenguaje muy simple, narradas generalmente en primera persona y con protagonistas adolescentes en la mayoría de los casos.
Supongo que todos nos hemos encontrado alguna vez con planificaciones que incluían alguna de estas obras: un año eran sobre el Sida, otro sobre la bulimia y la anorexia, hace unos años, sobre la dictadura, y desde el año pasado, circulan algunas sobre la violencia de género. Resumiendo: toman el problema de mayor impacto mediático y social, escriben una novela a la medida de esa necesidad, y la ofrecen a los docentes en catálogos.
La primera razón para oponerme al uso de estas obras es que ponen a los docentes en el papel de una especie de "revendedores", como los de cosméticos: vengo, te paso el catálogo, a la carta, siempre ajustado a la cuestión de moda, y vos lo compras para tus alumnos. El negocio de lo políticamente correcto.
En segundo lugar, llamo a la reflexión sobre un punto: es probable que nuestros alumnos no vuelvan a leer literatura luego de la escuela. O quizás, pasen un tiempo sin hacerlo. Entonces, teniendo en cuenta de que lo que nosotros decidamos en cuanto a lecturas sea para muchos uno de los pocos acercamientos a lo literario: ¿les vamos a ofrecer obras de una calidad mediocre que caerán en el olvido apenas cambie la problemática de moda?
La primera razón para oponerme al uso de estas obras es que ponen a los docentes en el papel de una especie de "revendedores", como los de cosméticos: vengo, te paso el catálogo, a la carta, siempre ajustado a la cuestión de moda, y vos lo compras para tus alumnos. El negocio de lo políticamente correcto.
En segundo lugar, llamo a la reflexión sobre un punto: es probable que nuestros alumnos no vuelvan a leer literatura luego de la escuela. O quizás, pasen un tiempo sin hacerlo. Entonces, teniendo en cuenta de que lo que nosotros decidamos en cuanto a lecturas sea para muchos uno de los pocos acercamientos a lo literario: ¿les vamos a ofrecer obras de una calidad mediocre que caerán en el olvido apenas cambie la problemática de moda?
Tercero, lo más importante y lo más complejo: más allá de los contenidos, lo más significativo para cualquiera de nuestros alumnos es que el tránsito por la escuela secundaria les permita construir la autonomía que necesitan para enfrentar sus respectivos proyectos de vida. En este sentido, una capacidad clave a desarrollar es la de simbolización, que conlleva la posibilidad de representarse, elaborar situaciones, repensarse desde un punto de vista personal. Michel Petit, en su libro "El arte de la lectura en tiempos de crisis" (libro que recomiendo fuerte) menciona incluso que la capacidad de simbolización es clave para superar traumas (pensemos en nuestros alumnos de escuelas públicas con sus historias a cuesta).
Está misma autora afirma que la simbolización puede construirse con metáforas, mediante experiencias que nos permitan tomar distancia de nuestra realidad cotidiana. Precisamente, eso es lo que la literatura infanto juvenil "políticamente correcta" no permite, ya que devuelve a nuestros alumnos experiencias en espejo, es decir, similares a las que ya tienen.
Por el contrario, los clásicos permiten precisamente lo opuesto: espacios lejanos a la cotidianidad, pero que dan espacio a la reelaboración. Por poner un ejemplo: en vez de utilizar una de estas obras estandarizadas y de calidad dudosa para trabajar ESI, porqué no trabajar temas como la violencia de género con "Otelo" de Shakespeare?
Las modas pasan. Los clásicos no
Está misma autora afirma que la simbolización puede construirse con metáforas, mediante experiencias que nos permitan tomar distancia de nuestra realidad cotidiana. Precisamente, eso es lo que la literatura infanto juvenil "políticamente correcta" no permite, ya que devuelve a nuestros alumnos experiencias en espejo, es decir, similares a las que ya tienen.
Por el contrario, los clásicos permiten precisamente lo opuesto: espacios lejanos a la cotidianidad, pero que dan espacio a la reelaboración. Por poner un ejemplo: en vez de utilizar una de estas obras estandarizadas y de calidad dudosa para trabajar ESI, porqué no trabajar temas como la violencia de género con "Otelo" de Shakespeare?
Las modas pasan. Los clásicos no

No hay comentarios:
Publicar un comentario